9 Colores

                                                                      … el color “es”.
                                                                         (Yves Klein)

Blanco
El blanco, dice Malévich, es la verdadera y auténtica idea del infinito, gritas y echas a correr y tropezando te sigo (a través del bosque de tus recuerdos infantiles) hasta salir al lago (un Soy-felis escrito por un niño en la nieve) o al camino estrecho y despejado que sube hacia la iglesia del pueblo ante la que me esperas riendo y entramos, tres o cuatro velas (blancas) titilan inquietas y mis dedos rozan curiosos el agua bendita que se ha congelado / como antaño / y después salimos al cementerio, y el aliento helado cae cortante delante de mí en la nieve y una lágrima (resbalan gotas heladas / por mis mejillas) y me abrazas y tu cabeza descansa en mi hombro, durante un segundo / un minuto / una vida entera, antes de volver a separarte. ¿Sabes qué?, dices, en primavera florecen lilas blancas y violetas en el jardín de mis abuelos y florecen rosas de color blanco y rosa pálido, como barquitos fúnebres, flotan flores del magnolio (y lirios blancos hacia la tumba, pienso) y sigue llegando un viento fresco del monte Mittagskogel y el aire evoca al mismo tiempo la esencia del invierno y de la primavera y me sonríes y echas a correr, campo nevado abajo, el infinito ante nosotros, dice Malévich, y yo detrás de ti, nos alejamos flotando.

Gris
El gris, por excelencia, no tiene mensaje, no provoca ni sentimientos ni asociaciones, no es realmente visible ni invisible, dice Gerhard Richter, dices tú y sin embargo, sus ojos grises, pienso yo y se eleva una niebla gris del lago Faak o cuelga de los árboles del parque Muir Woods o de las Berkeley Hills y yo en el café, cuadros de los disturbios (gris sobre gris) en las paredes y Nirvana (my girl, my girl) en la radio o Leonard Cohen (well my friends are gone and my hair is grey). O desciende un gris de las montañas Karavanke, a sus pies un cementerio, en el que nosotros, con el cuello levantado, las manos en los bolsillos, seguimos el vapor de nuestro aliento con la mirada y luego, la tarde, té y pasteles en casa del yayo y la yaya. Y de regreso a casa paramos una vez más en las tumbas, la luz de cientos de velas desdibujándose en el gris, en algún lugar un perro ladra o pasa algún coche solitario y entonces / de nuevo silencio. Y te observo y asiento y continúas, pero porque el gris, igual que la ausencia de forma solo puede existir realmente como idea (pero sus ojos, pienso, sus ojos), se podría crear un tono que se refiriera al gris, pero no lo sea y tú lloras (¿o me lo imagino?, ¿o me lo figuro?).

Rojo
De la noche a la mañana llegaron las nubes / y sin darme cuenta / en el primer árbol de la calle / las primeras hojas ya han cambiado de color, cantas tú o canto yo, y miramos afuera, rojo el bosque y el cielo de la mañana, y el vino en nuestras copas, y roja es la materia, pesada y brutal y el color contra el que siempre deben luchar los demás, dice Franz Marc, dices tú, y Derek Jarman, que el rojo se protege a sí mismo, que no hay color más territorial que el rojo, y suspiras, pero ¿y las hojas de los árboles otoñales por ejemplo, las flores por ejemplo, susurras, los tulipanes o las amapolas (y memoria)? Y te miro o te miro sin verte y respondo ababol, respondo, ella siempre escribía ababol mientras que yo siempre escribía amapola, ella siempre decía ababol, cuando yo solía decir amapola (cómo nos separan las palabras) ¿y hoy?, preguntas, y miramos afuera o salimos, a través de los campos cosechados, en su jardín una pérgola con racimos rojos (oscilantes en la rejas oxidadas) y rosales junto a la escalera que conduce a su puerta, y detrás ella. Y nos miramos, se acerca una tormenta, dices, y yo asiento, sobre nosotros nubes rojas (dentro, un dios iracundo), un viento frío forma remolinos de hojas caídas y nosotros corriendo de la mano por el prado o los campos o por el bosque rojo / por su manto rojo. Y por fin en casa, con la respiración entrecortada, fuera las primeras gotas de lluvia y el estallido de los truenos y relámpagos naranjas y rojos (el fuego de Israfel) y el uno junto al otro enmudecemos, tu cabeza en mi hombro, mi brazo rodeando tu cuerpo y se oye música / o no / de la radio.

Naranja
Dices que Goethe nunca utiliza la palabra "naranja", que lo llama amarillo rojizo o rojo amarillento y continúas / ahora continúas tú, así pues, representa el naranja también lo que está en el medio, representa (ahora recordando las palabras) los espacios vacíos entre armonía y disonancia, entre seguridad y desgarro, entre orden y caos, y yo asiento, es justo somewhere between almost right and not quite (el naranja es una silueta saltando). Y yo te sonrío y tu a mí, en la radio Leonard Cohen (and she feeds you tea and oranges that came all the way from China) miramos afuera, Carintia / y tulipanes naranjas en el jardín, las montañas en el horizonte bajo una luz anaranjada / o de otro modo / California / naranjos y limoneros, colibrís y mariposas (revolotean en círculo a toda prisa) un sol naranja se pierde en el mar, o de otro modo, Madrid, Viena, Sevilla o París, o no.

Amarillo
Hay pintores que con su arte y su inteligencia transforman una mancha amarilla en el sol, dices, y yo, que de niños siempre pintábamos el sol en la esquina superior derecha del dibujo, que con lápices de colores o rotuladores o ceras siempre solíamos pintar el sol de amarillo brillante (como el amarillo siempre lleva consigo una luz), en la esquina superior derecha de nuestros dibujos, el sol amarillo dorado o amarillo limón, amarillo narciso o amarillo dalia (eine gelbe Gladiole ist mein Herz / mi corazón es un gladiolo amarillo) pero siempre en la esquina superior derecha – no sé por qué – y tú sonríes y asientes. Delante de la ventana una mariposa limonera (el amarillo solo se ve cuando están vivas y durante su vuelo) y amarillo florece el laburno, como en el jardín de mis abuelos, por Pascua algunas ramas cortadas y decoradas en un gran jarrón en el vestíbulo (y 20 o 25 años más tarde sobre una tumba) o surge una luna tras una pared de nubes amarillas y las ranas comienzan a cantar aisladamente, una  mariposa nocturna golpea contra el cristal del invernadero o quemándose caen al suelo escarabajos del tamaño del pulgar / Palm Springs / y el grito de las cigarras y tras las palmeras, grande y amarilla la luna / detrás el inimaginable desierto / amarillo / creo que, por ejemplo, el color amarillo en sí mismo es suficiente para crear un ambiente “más allá de lo imaginable” (Yves Klein).

Verde
Si se pudiera pintar el sexo, no se necesitaría pintar una vaca de verde, citas y yo asiento sin saber  a quién y a qué te refieres realmente / aunque espero saberlo / pero Kandinsky a su vez dice, continúas, que el verde es simplemente una vaca, incluso una de esas vacas tan sanas, tumbadas e inmóviles que solo saben rumiar y contemplar el mundo con ojos bobos e inexpresivos, y nos da la risa, ante nosotros el prado en primavera, margaritas silvestres y dientes de león (tan verdes en Ucrania), detrás el bosque y sobre nosotros un cielo verde con un único pájaro o toda una bandada o nada / la nada o una nube. Y llega del monte Mittagskogel un viento fresco / aún es invierno (y pronto otra vez y otra vez) / y vamos, dices, me coges de la mano y tiras de mi y yo te sigo, y dices, mis ojos no le prestan atención al mundo / el verde de las hojas les hace daño, Else Lasker-Schüler, respondo y tú asientes y susurras que la eternidad vive en mí y de nuevo nos da la risa durante el camino por el bosque y sí hay un rastro en tu voz (¿o en mi oído?) y enmudecemos / solo por un instante / y tiemblas (te acuerdas, te digo, de aquellas noches de sauco, noches de lirios, cuando la luna en una cuna) y ahora asientes y vamos más despacio y nos miramos. El ojo hojea verde.

Azul
Imposible decidir, digo, si percibimos el aspecto del cielo así y solo así porque vemos este cielo azul, o si, al contemplar el azul no podemos olvidar, por ejemplo, que es el cielo al que identificamos como azul y alzamos la vista, sobre nosotros una bandada de golondrinas en remolino, y, a nuestros pies, el lago Faak, azul como un día de verano y llegan de la orilla voces infantiles, olor a crema solar y a chiringuito y la intemporalidad, hasta que aparecen nubes de tormenta en el cielo de la tarde (el azul siempre trae algo oscuro consigo). El azul siempre trae algo oscuro consigo, el azul señala también la relación con la oscuridad del negro de la noche, añades, y sus cabellos, pienso, azules como la pluma de un cuervo, y te miro y tú a mí y continúas, se dice que el azul elimina todos los límites y umbrales, el cuerpo que se une a él, se funde, que por él desaparecen los límites entre sujeto y objeto, y tu mirada se posa sobre tus manos claras, como si no formaran parte de ti, como si fueras otra y, riendo (intento cambiar de registro), pero el azul domina, reina, vive, es el vacío total, la nada, que abarca todo lo posible y te cojo las manos y callas (ain’t these tears in these eyes telling you), Ella Fitzgerald en la radio y fuego en la chimenea y nosotros, en otra lengua (el cielo de ceniza) y, entonces, su cabello (con un brillo / azul / como plumas de cuervo) sobre mis hombros y venas azuladas bajo blanca piel / transparencia / solo es un diminuto balanceo del azul-negro del insignificante cielo nocturno a la absoluta trascendencia, a la pura transparencia, que solo se muestra a sí misma, pienso (¿o recuerdo  las palabras?). A nuestro alrededor transcurre el día, crepúsculo y viento, se inclinan tiritando los azules amelos, la cercanía y la lejanía confluyen en una imagen, en una pared de igual claridad y suspiras y murmuras, como para ti, o: para ti, solo cuando el mundo se vuelva un sueño, se materializará la reconciliación, y yo asiento (¿pero lo entiendo?) y alzo la vista (sanft ist die blaue Nacht auf uns’ren Stirnen aufgegangen - la noche azul ha salido suave sobre nuestras frentes), sobre nosotros, estrellas y la luna, y a nuestros pies, el lago Faak y, de lejos, música o el sonido de un tren.

Violeta
El cielo nocturno esa sangre coagulada, esa desdicha nocturna, desdicha del bosque, de la que todavía ni tan siquiera uno sabe, la zona del bosque violeta o negra, me refiero a la caída de la noche, leo en voz alta / leo para ti y enmudezco, y tú también como si tuviéramos miedo / o por eso / no sabemos por qué o no lo queremos admitir, un tono de violeta enfermo, susurras, y te relleno la copa (intento cambiar de registro), ante nosotros pan y queso, nueces y uvas (violetas // trajimos las uvas más hermosas / a casa para vosotras, las palomas más hermosas) detrás, oscurece en el ocaso el bosque, en el pueblo el ladrido de un perro o la llamada de una madre a su hijo (y me habéis sido arrebatadas), luego la calma o, algo más tarde quizá, en tonos oscuros, violetas, el llanto de una lechuza / o de un mochuelo / de un pájaro de la muerte (las palabras proliferan salvajes en mi cabeza).
Y entonces la mañana siguiente, violeta el amanecer, y nosotros, tiritando de frío, en el balcón, en nuestras manos tazas de café (Las violetas de sus grandes ojeras melancólicas), ¿te acuerdas?, pregunto, las hortensias del bosque de detrás de casa de los abuelos (tienen algo de amarillo / violeta y gris),  las violetas y las anémonas y asientes, y en el jardín lilas violetas y blancas, y lirios blancos, pienso, el párroco en sus vestiduras violeta.

Negro
Nada es negro – realmente nada es negro, dice Frida Kahlo, dices tú (pero sus rizos / hojas de palma datilera / negro azabache, pienso, o su pelo / negro (today she took a train to the west) como las sábanas de satén, sobre ellas su cuerpo / claro / insomnio (y paso largas horas oyendo gemir al huracán / o ladrar  los perros) y fluye suavemente la luna y finalmente el sol a través de las cortinas proyecta sombras sobre su piel y se despierta su mirada de ojos negros) y a nuestro alrededor la noche, Carintia o Madrid (y paso largas horas gimiendo como el huracán / ladrando como un perro enfurecido), París o Joshua Tree, una oscura luna sobre nosotros y alrededor, el desierto, o nosotros en un prado, envueltos en mantas, y a nuestros pies el lago y estrellas sobre nosotros y en alguna parte ladra un perro y de vez en cuando se escuchan coches pasar y digo, mi cabeza en tu regazo (mis ojos cerrados), el negro es como un enfriamiento del relativo al punto cero (y no sé qué puede significar / tristeza). En esa interpretación ambivalente de reposo y actividad subyace el principio del negro, como una honda respiración, continúo y enmudezco y escucho la tuya constante y el latido de tu corazón (o me lo imagino) / de mis párpados gotea nieve negra, susurras, pero ¿cómo puedo saber si sonríes o lloras?